ADOLESCENCIA

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La adolescencia es una etapa de la vida en la que los jóvenes experimentan un gran interés por las cosas nuevas, el conocimiento y la búsqueda de la independencia. También es una etapa en la que sus cerebros pueden permitirles tomar grandes riesgos, volverse más vulnerables a la adicción o incrementar la probabilidad de desarrollar una enfermedad mental.
Durante la adolescencia hay cambios inusuales en el cerebro y el comportamiento. Un reporte del 2005 encontró que un estimado de 2.7 millones de niños y adolescentes de Norteamérica sufren de problemas emocionales y de comportamiento severos. Estos problemas pueden persistir en la adultez y conducir a un discapacidad de por vida, incluyendo muchas formas serias de enfermedades mentales.
Para reducir la incidencia y el impacto de los trastornos mentales y los problemas emocionales, es necesario continuar investigando los cambios normales y anormales que ocurren durante la adolescencia.

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Más sobre el cerebro adolescente:


Durante la adolescencia, los estudios demuestran que además del crecimiento del volumen cerebral, también se va produciendo una organización de la materia blanca. Estudios realizados por Tomás Paus de McGill University en Montreal y sus colaboradores, mediante el IRM estructural, muestran que en este período se engruesan las conexiones neuronales de diferentes regiones cerebrales, como si se estuvieran cubriendo con una capa protectora de mielina.
Todos estos resultados apoyan otras evidencias que confirman que los adolescentes no controlan los impulsos como los adultos. En un trabajo que está en prensa en la revista "Child Development", Luna encuentra que voluntarios de 14 años desarrollan las tareas tan bien como los adultos, pero ellos activan los impulsos principalmente sólo en la corteza prefrontal del lóbulo frontal, mientras que los adultos, desarrollan respuestas más complejas. Es decir, los adolescentes para lograr sus objetivos, usan mecanismos cerebrales diferentes a los del adulto y creen que por ello no deben mirarse al mismo nivel que los adultos.
Otros estudios han investigado las preocupaciones de riesgo, evaluándolas por la actividad de la amígdala, una región cerebral que procesa las emociones. Los resultados indican que los adolescentes son más propensos a comportamientos erráticos, que los adultos. Abigail Baird y Debora Yurgelun-Todd de la escuela de Medicina de Harvard, iniciaron un estudio tendiente a identificar en adolescentes y adultos, las emociones que percibían al mostrarles fotografías de caras que expresaban miedo. Para ello registraba sus respuestas en las imágenes de IRM de sus cerebros. Como esperaban, en el IRM funcional, cada vez que mostraba las caras de miedo, se observaba actividad en la región de la amígdala. Pero en los adolescentes en la corteza pre-frontal no brillaba, a diferencia de lo que sucedía en la corteza pre-frontal de los adultos, sugiriendo que en ellos la respuesta emocional tenía pocas inhibiciones.

Respuestas de los adolescentes al miedo:


Por otra parte, los adolescentes responden mal al tipo de pensamiento que requiere mirar el futuro para visualizar el resultado de sus acciones, una característica que evalúa la capacidad de toma de riesgos. Baird preguntaba: ¿te gustaría tomar los patines y tirarte calle abajo? "Los adultos sabían el riesgo que podían correr y su respuesta era por lo menos dudosa. Pero los adolescentes no veían las cosas del mismo modo, porque tenían dificultades para generar hipótesis de que les podía suceder, ya que no habían tenido acceso a las muchas experiencias que ya han tenido los adultos", señala Baird. Esta habilidad de evaluar riesgos, aparece entre los 15 a 18 años.
Es cierto que se han descrito estructuras cerebrales diferentes con respecto al adulto, pero ellas están lejos de constituir un diagnóstico. No se le puede hacer un escáner a un chico para saber si se debe o no tratar como un adulto. Lo que podemos concluir, es que el adolescente responde en forma diferente a la del adulto, menos responsable y en forma más emotiva.



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